En
estos tiempos que corren, es mucho más interesante estar invertido a largo
plazo, el motivo principal es que si nos perdemos la subida de precios de los
valores, la rentabilidad de nuestra inversión se reducirá sustancialmente.
La volatilidad,
es un elemento natural de los mercados financieros y es el precio que pagamos los inversores por la
rentabilidad a largo plazo de la renta variable en comparación, con otras
clases de inversiones. En periodos
cortos de tiempo, las acciones y fondos de inversión, pueden sufrir grandes
altibajos. Sin embargo, si tenemos en
cuenta periodos más largos, la seguridad aumenta y el riesgo disminuye.
No olvidemos que, gran parte de los beneficios de las empresas procede de otros países,
de ahí las turbulencias que están sufriendo los mercados en el presente
ejercicio. Por lo que no debemos dejar
que la rentabilidad diaria nos dificulte ver el destino al que queremos llegar. Precisamente, cuanta más información recibe
un inversor de a pie, más le influye en
sus emociones. Los resultados son
demoledores, porque cuando la masa del
mercado se mueve así, da origen a burbujas o episodios de pánico. Las respuestas son inconscientes, véase el
viernes del Brexit, con el hundimiento de la libra y todas las bolsas a nivel
mundial.
Por lo tanto, sigue siendo necesario que los
inversores mantengamos la cabeza fría
durante las fases de alta volatilidad y abstenerse de actuar precipitadamente. Siempre hay que tener presente, que a largo
plazo, la bolsa se mueve en función de los beneficios de las empresas. Y la
rentabilidad de una inversión en bolsa, viene dada por la suma de varios
conceptos. Los Dividendos cobrados, las acciones
gratuitas, y las plusvalías (minusvalías),
por la venta de los valores.

