Nuestro sistema
tributario necesita una reforma en profundidad, entre otras cosas porque
recauda poco. El modelo tributario
español tiene 35 años y es fruto de una época muy concreta, finales de los años
70, principios de los 80, cuando se
consideraba que la financiación del
Estado debía apoyarse en impuestos directos y muy progresivos.
Los tipos marginales
máximos de la U.E. la media se encuentra en el 30%. Sin embargo los tipos que pagamos los
españoles, ya se encuentran entre los mayores del mundo, y lo lógico sería
reducirlos. En Cataluña se contribuye hasta con el 56% de sus ingresos. Esto es un disparate, (por no decir un robo),
y tampoco garantiza mucha justicia social.
En la U.E.
(Unión Europea), el 60% de los países tienen un I.R.P.F. con tres tramos o
menos; aquí en alguna región de España
hay 11 tramos. Las consideraciones de equidad y redistribución han pasado a segundo
plano, a favor de la eficacia y sencillez.
Por todo ello, es imperativo que en España bajen
los impuestos como:
·
Reduciendo los tramos en el I.R.P.F.
·
Acabar con la estimación por módulos.
·
Eliminando todas las deducciones.
·
Incentivar el ahorro para evitar fugas de capital.
·
Ser más realista con el Impuesto de
Sociedades, bajando el tipo impositivo y quitar todas las deducciones
·
Y sobre todo perseguir la economía
sumergida.
El
resultado de estas reformas sería un sistema tributario más justo y sostenible.
Justo; Ya que cada contribuyente declarará de
acuerdo con su capacidad y no con arreglo a su facilidad para la evasión.
Sostenible; porque unos tipos menos distorsionantes,
desincentivarán el fraude y estimularán la inversión.
Por eso mismo ahora, con una reforma fiscal cocinándose, habrá que ser muy cautelosos a la hora
de hacer caso a los rumores, comentarios o globos sondas, sobre las intenciones
del gobierno en el futuro inmediato.
Porque siempre nos encontramos con el mismo esquema, “Una cosa es hablar
y la otra dar trigo”. Máxime cuando ya
hemos empezado la campaña Electoral.
