martes, 12 de noviembre de 2013

La Inflacción en mínimos hace saltar las alarmas.


La inflación sorprendió en octubre con una tasa negativa del 0,1% y acumula un retroceso en lo que va de año del 0,4%. Hay quien ha hablado de los posibles riesgos de la deflación e, incluso, el BCE ha bajado tipos en un contexto europeo de precios bajos. ¿Hay razones para estar preocupados?

 
Con el retroceso del IPC (que marcó el mes pasado la primera tasa negativa en cuatro años) y la caída de otros indicadores de precios, como el de las exportaciones o la vivienda, y el continuado retroceso de los salarios, hay quien teme encontrarse con el fantasma de la deflación a la vuelta de la esquina. Lo cierto es que coinciden varios de sus ingredientes: precios bajos, debilidad en la demanda, incertidumbre… Pero muchos analistas descartan que este peligro sea inminente.

¿Qué es una espiral deflacionista?
La secuencia de la deflación tiene unos efectos devastadores sobre la economía. Suele ser así: al caer los precios, se reducen los ingresos de las empresas. Como los costes de producción no disminuyen, las compañías recortan la inversión y el empleo. Así que cada vez es más pequeña la masa salarial y también la demanda, lo que implica menos ventas. A la vez, los consumidores retrasan sus compras y las empresas sus gastos, al creer que más tarde todo será más barato. Por si fuera poco, la situación se ve agravada porque el peso de las deudas en relación con los salarios aumenta y, con él, el riesgo para el sistema financiero. Ante esta coyuntura, aumenta la prima de riesgo de los bancos, que reducen la oferta de crédito.

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