Los Planes de Pensiones, pese a su
popularidad, son unos productos pésimos de ahorro.
Aunque aportar a un Plan de Pensiones le dé un alivio fiscal inmediato, es una pésima
opción, ya que ni es un destino rentable
para su dinero, ni tiene un buen tratamiento
fiscal cuando el dinero se rescata.
Todos los años por estas fechas, las entidades
financieras publicitan sus planes de pensiones recalcando sus maravillosas
ventajas fiscales, las bonificaciones en metálico o los regalos...
La publicidad nunca cuenta cómo deberá tributar por ellos cuando los recupere. Estos,
no lo hacen como otros productos de ahorro, es decir, solo por la
ganancia generada y a tres tipos diferentes según el monto (19,5%, 21% o 23%),
sino por todo lo cobrado, ganancia y
aportaciones, y al tipo marginal, que puede alcanzar el 46%.
Así el caramelo fiscal de hoy, es un tragantón para
mañana, pues casi seguro los impuestos a
pagar superarán el ahorro fiscal logrado en las aportaciones.
¿Más argumentos en contra?
El
dinero se queda inmovilizado hasta la jubilación,
salvo que se produzcan contingencias poco comunes, además su rentabilidad final casi siempre es pobre,
en los últimos diez años (según datos, hasta Agosto-2015) el rendimiento medio
anual de los planes de pensiones tan solo ha llegado al 2,2% anual, en línea
con la inflación del mismo periodo. Por debajo de la media del bono a diez años
que se situó en el 3,18%; así como de la renta variable, que tan solo con una
pequeña cartera de valores seguros, en rentabilidad por dividendo nos podemos
ir a un 4%, sin contar las revalorizaciones.
Así pues, no contrate
ningún plan por su cuenta. Construya
uno por otros medios, que si los hay, consulte con asesores independientes, pero
ojo, nunca con los de las entidades financieras, ya que estos, están para vender
los productos de su marca… Y si ya tiene
un plan, paralícelo y no haga nuevas aportaciones…

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